Académico de la UG explica Artemis II y el nuevo rumbo de la exploración espacial.

Guanajuato, Gto., a 17 de abril de 2026.– A 57 años del primer alunizaje humano con el Apolo 11, la misión Artemis II ha marcado un suceso histórico en la exploración espacial. No solo representa un importante avance científico, sino también el renovado interés estratégico por el espacio, donde convergen cooperación internacional, desarrollo tecnológico y competencia entre potencias globales.

En entrevista, el doctor en Astrofísica y Radioastronomía por el Observatorio de París, Héctor Bravo Alfaro, profesor e investigador del Departamento de Astronomía de la Universidad de Guanajuato (UG), explicó la relevancia de misiones espaciales como Artemis II, que forman parte de un programa internacional liderado por Estados Unidos de América (EE. UU.), en el que participan gobiernos, agencias espaciales y empresas privadas.

“Independientemente de que la misión sea una colaboración entre Canadá, Estados Unidos y la Agencia Espacial Europea, entre otras instancias, considero que se trata de un logro de la humanidad. Es algo que debería emocionarnos más, sobre todo cuando observamos el contexto complejo que vive la humanidad hoy en día”, reflexionó el astrofísico.

Destacó que son diversos los objetivos científicos y tecnológicos que se persiguen mediante este tipo de misiones, entre los que se incluyen la verificación de los sistemas de lanzamiento y propulsión, la evaluación de la seguridad y supervivencia humana, la maniobrabilidad de la nave y uno de los aspectos más complejos: el reingreso seguro a la Tierra.

Asimismo, explicó que estos proyectos permiten desarrollar estudios orientados a sentar las bases para el establecimiento de estaciones lunares, la instalación de telescopios en la superficie del satélite natural y la preparación para misiones de mayor alcance, como el eventual viaje tripulado a Marte.

Recordó que el programa de exploración lunar Artemis contempla varias etapas con el objetivo de establecer una presencia humana sostenible en la Luna. Artemis I consistió en una misión no tripulada, mientras que Artemis II fue la primera que llevó a bordo a la y los astronautas de la NASA Christina Koch, Reid Wiseman y Victor Glover, así como a Jeremy Hansen, astronauta de la Agencia Espacial Canadiense (CSA). Durante diez días, la tripulación orbitó la Luna y comprobó con éxito la funcionalidad de la cápsula Orión en su regreso a la Tierra.

En las siguientes etapas, Artemis III y IV, se prevé llevar a cabo un alunizaje, lo que marcaría el regreso de seres humanos a la superficie lunar y la llegada de la primera mujer a dicho entorno. Posteriormente, se contempla la construcción de una estación espacial lunar, lo cual posibilitaría estancias más prolongadas y el desarrollo de investigaciones científicas de mayor alcance.

Ante el cuestionamiento sobre por qué la humanidad no había regresado a la Luna en casi 60 años, el académico de la UG explicó que, a diferencia de décadas anteriores, actualmente no se acepta el margen de error que antes se consideraba viable, y se prioriza la seguridad absoluta, lo que implica mayores tiempos de desarrollo y costos elevados.

En este sentido, el regreso se plantea de manera gradual y por etapas. “Volver a la Luna nunca ha sido sencillo; la diferencia es que hoy no aceptamos tragedias”, afirmó, al recordar que en los años sesenta los riesgos asumidos fueron extremos y que varias misiones estuvieron marcadas por accidentes fatales.

Un espacio de competencia internacional

Al avance científico y tecnológico se suma otro factor: la exploración espacial como un espacio de competencia internacional. Actualmente, destacó, existe una rivalidad creciente entre potencias como EE. UU. y China, lo que atrae intereses estratégicos relacionados con la exploración de recursos como minerales y agua, en un contexto en el que el espacio se consolida como una industria en expansión.

“No debemos ser ingenuos y pensar que se trata únicamente de exploración científica. Sabemos que cualquier objeto astronómico cercano, incluidos los asteroides, puede contener una enorme riqueza. Existen cuerpos celestes con metales preciosos indispensables para la industria”, señaló el investigador, quien puntualizó que la exploración espacial combina, de manera constante, cooperación internacional y competencia.

Respecto al financiamiento que demandan estos desarrollos, expresó que, aunque las inversiones en misiones espaciales pueden parecer desproporcionadas frente a necesidades sociales inmediatas, el gasto en ciencia y tecnología representa una fracción relativamente pequeña del presupuesto público y genera beneficios incalculables a largo plazo. La ciencia básica, agregó, ha demostrado que sus aplicaciones, aunque no siempre inmediatas, derivan en avances fundamentales para la vida cotidiana, en ámbitos como la energía, las comunicaciones y el desarrollo digital.

En este contexto, señaló que el debate público debería centrarse no en la inversión científica, sino en rubros de gasto considerablemente mayores, como el armamento. Apostar por la ciencia, afirmó, es esencial para el desarrollo humano, el conocimiento y el progreso social.

De esta manera, el profesor investigador subrayó que el conocimiento generado por la exploración espacial se traduce en investigación académica y en la formación de estudiantes, quienes, a través de tesis y proyectos especializados, impulsan el desarrollo de investigación avanzada.

Finalmente, puntualizó que científicas y científicos mexicanos, incluidos integrantes de la comunidad universitaria de la UG, participan activamente en proyectos internacionales, mediante el uso de telescopios, estaciones espaciales y laboratorios de frontera construidos en otros países, lo que permite realizar ciencia de alto nivel.

Desde el campo de la astronomía, el doctor Bravo Alfaro explicó que esta ciencia básica impacta directamente en áreas como el estudio de materiales. Como ejemplo, señaló que el entendimiento de las estrellas ha permitido identificar procesos físicos fundamentales que han derivado en avances clave en energía, biotecnología, materiales y comunicaciones, transformando a la sociedad contemporánea.

El académico concluyó al destacar la importancia de la comunicación científica impulsada por la NASA, al señalar que divulgar la ciencia de manera adecuada es clave para conectar el conocimiento con la ciudadanía e inspirar nuevas vocaciones científicas a nivel global.

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